Tú y yo somos iguales ante Dios;
yo también fui formado de barro.

Job 33:6

Job

Particularmente, de forma velada, yo sentía cierto rechazo hacia el Libro de Job. En él se narra la historia de un hombre feliz, con una hermosa familia, riquezas, amigos, salud y paz: alguien cuya vida parecía un verdadero “mar de rosas”. Sin embargo, de repente todo se derrumba: pierde sus bienes, a sus hijos, la salud y cae en las profundidades de la miseria humana. Es cierto que, al final, Dios lo bendice y lo recompensa. Aun así, eso no me convencía.

¿Sería esa resistencia una especie de superstición —un miedo oculto de que algo parecido pudiera sucederme a mí— que me llevaba a evitar la lectura del Libro de Job? Necesitaba enfrentar esa cuestión. Curiosamente, muchas veces abría la Biblia y, “por casualidad”, allí aparecía nuevamente el Libro de Job. Entonces empecé a leerlo poco a poco, intentando comprender sus entrelíneas —y todavía sigo en ese proceso.

Con el tiempo, me di cuenta de que esta obra nos enseña mucho más de lo que su panorama general sugiere. Va más allá de la narrativa de la vida de Job —que de por sí ya es profundo y digno de reflexión. En sus páginas hay enormes riquezas espirituales, enseñanzas valiosas y bendiciones escondidas en cada capítulo. Tomemos, por ejemplo, el capítulo 33 y observemos algunos de esos tesoros.

job

1) “Tú y yo somos iguales ante Dios;
yo también fui formado de barro”.

Job 33:6 (DHH)

Este versículo presenta el discurso de Eliú dirigido a Job. En él, Eliú menciona que ambos eran iguales delante de Dios, pues habían sido formados del mismo elemento: el barro.

La lección que podemos extraer de esta afirmación es que todos estamos bajo las mismas condiciones humanas. Estamos sujetos a los mismos deseos, voluntades, tentaciones, intereses, errores y aciertos.

A partir de esto, surgen algunas preguntas inevitables:

  • ¿Por qué algunas personas llegan a desarrollar un carácter íntegro y otras no?

  • ¿Por qué algunas son capaces de vencer las tentaciones y otras no?

  • ¿Por qué, en las mismas condiciones, algunas personas hacen el bien mientras otras practican lo perverso?

La reflexión es la siguiente: si todos somos iguales delante de Dios y formados del mismo elemento, el barro, ¿dónde está el factor que nos lleva a tomar mejores decisiones y a convertirnos en mejores personas?

2) “Dios habla de muchas maneras,
pero no nos damos cuenta”.

Job 33:14 (DHH)

Aquí queda claro que Dios habla, y no solamente una vez ni de una sola manera. Él se comunica de muchas formas, pero muchas veces nosotros no nos damos cuenta. Ante esto surgen algunas preguntas importantes:

  • ¿Si Dios habla de tantas maneras, ¿por qué no nos estamos dando cuenta?

  • ¿Será que estamos tan involucrados en el día a día y en nuestros quehaceres que la prisa no nos permite escuchar la voz de Dios?

  • ¿O será que el problema está dentro de nosotros: el orgullo, algún resentimiento o incluso cierta apatía que nos impide escuchar lo que Dios quiere decirnos?

  • Y tú, sinceramente, ¿has estado escuchando a Dios?

La reflexión que podemos sacar de aquí es que Dios habla. Él no deja de advertirnos, enseñarnos, consolarnos e instruirnos. Por eso necesitamos calmar nuestro corazón y buscar escuchar a Dios.

3) “si tuviese cerca de él algún elocuente mediador muy escogido, que anuncie al hombre su deber” … “Su carne será más tierna que la del niño, volverá a los días de su juventud”.

Job 33:23-25 (RVR 1960)

Estos versículos nos muestran la importancia de interceder por los demás. En el pasaje se describe a una persona que está tan cerca de la muerte que incluso llega a aborrecer los alimentos. Su alma se aproxima a la sepultura y parece no haber esperanza.

Sin embargo, el texto dice: “si tuviese cerca de él algún elocuente mediador”, es decir, alguien que pueda interceder por él. Cuando esto ocurre, la situación cambia: su carne se vuelve más tierna que la de un niño y vuelve a los días de su juventud. Esta persona encuentra redención por medio de un amigo que intercede por ella.

A partir de esto podemos hacernos algunas preguntas:

  • ¿Estamos intercediendo delante de Dios por otras personas: por nuestros amigos, vecinos o conocidos?

  • ¿Has tenido alguna experiencia de interceder por alguien y ver que Dios respondió a tu oración?

Comienza a orar e interceder por las personas que te rodean. Clama a Dios en favor de las almas. Sé un elocuente mediador. 🙏

Job nos recuerda que todos estamos hechos del mismo barro, que Dios continúa hablándonos de muchas maneras y que la intercesión por otros puede ser un canal de restauración y esperanza. No es simplemente un relato de sufrimiento, sino una invitación a mirar más allá de las circunstancias y descubrir las lecciones espirituales que Dios coloca en nuestro camino.

Un abrazo,

Priscila Leal

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