Esperar en Dios

Esperar en Dios no siempre es una tarea fácil. Muchas veces queremos resolver las cosas por nuestra propia cuenta y a nuestro propio tiempo. Puede parecer más fácil tomar decisiones rápidas y a nuestra manera, pero, al final, el resultado suele ser frustrante.

Recordemos el ejemplo de Abraham. En su profundo deseo de tener un hijo que le diera descendencia, terminó tomando una decisión por su propia cuenta, cuyas consecuencias perduran hasta el día de hoy. Aunque todo lo que sucede está bajo la soberanía de Dios —y en esto hay mucho misterio—, seguir los principios de la Palabra de Dios sigue siendo la mejor decisión para nosotros, Sus hijos.

Por eso, necesitamos permanecer en constante comunión con nuestro Creador, meditar en las Sagradas Escrituras y presentar delante de Dios cada decisión que tomamos, especialmente las más importantes. Hay decisiones que pueden afectar negativamente no solo nuestra vida, sino también la de quienes nos rodean. Por eso, debemos actuar con mucha prudencia.

Sin embargo, esta advertencia no significa que debamos vivir con miedo a tomar decisiones o pensar que debemos orar pidiendo la dirección de Dios para absolutamente todo, como si eso llegara a convertirse en una obsesión o una manía. Por un lado, debemos descansar en Dios, confiando en que Él está guiando nuestros pasos por el mejor camino; y, por otro, hacer nuestra parte, perseverando en la oración y meditando en las Santas Escrituras.

Esperar en Dios siempre es la mejor decisión, porque esta espera nunca es pasiva. Al contrario, nos lleva de vuelta a nuestro Creador, despierta en nosotros un mayor deseo de buscarlo y, como consecuencia, de conocerlo más profundamente. Y, en Su tiempo perfecto, Él concederá los deseos de nuestro corazón, conforme a Su perfecta voluntad.

Que podamos vivir de la mejor manera en esta tierra: esperando en el Señor y confiando en que cada una de Sus promesas se cumplirá en nuestra vida, en el tiempo y de la manera que Él ha determinado.

Un abrazo,

Priscila Leal