CUÁNDO ORAR

Orar es relacionarse con el Creador. Dios nos ha dado este privilegio, y podemos acercarnos a Él en cualquier momento. Dios es accesible. Al orar, podemos agradecer, pedir, interceder y también recordar Sus promesas.

Muchas personas oran solo cuando los problemas parecen acorralarlas, cuando ya no ven salida a ciertas situaciones. En esos momentos de angustia, claman a Dios por alivio y socorro. Y, una vez que reciben respuesta o solución, dejan de orar, esperando otra dificultad para volver a hacerlo. ¿Sabes algo? Esto no está mal. No es lo ideal, pero tampoco es incorrecto. Es mejor orar en medio de la angustia que dejar de hacerlo por pensar que Dios ya no escucha.

Pero hay una forma aún más provechosa: desarrollar el hábito de la oración. Hoy en día se habla mucho de adquirir buenos hábitos —hacer ejercicio, alimentarse bien, dormir lo suficiente—. Entre todos ellos, la oración es indispensable. Debe cultivarse cada día, con dedicación, cuidado y constancia.

Cada vez que entramos en nuestra habitación y hablamos con nuestro Padre Celestial, Él nos escucha, nos guía y nos enseña el camino que debemos seguir.

Entonces, ¿cuándo orar?

Debemos orar todos los días. Apartar un tiempo especial para ese encuentro, dejando de lado las actividades y preocupaciones, para concentrarnos en Dios y presentarnos ante Él. En la oración agradecemos por todo lo que tenemos —y también por lo que aún no tenemos—, presentamos nuestras peticiones, intercedemos por nuestra familia y por otras personas, y confiamos en Sus promesas.

¿Qué tal si empiezas hoy mismo a desarrollar el hábito de la oración?

Dios te bendiga.

Un abrazo,
Priscila Leal